
| 16 Marzo 2009

El pasado jueves, 12 de marzo, se convocaron, en la mayoría de las provincias, manifestaciones de estudiantes contra el conocido como Plan de Bolonia...
Y es que el Plan de Bolonia constituye, para la mayoría de los estudiantes y gran parte del profesorado, una privatización encubierta de la Universidad.
¿Qué dice Bolonia? Que se va a crear un Espacio Europeo de Educación Superior por el que van a transitar los estudiantes y profesionales como si no existiesen las fronteras de los estados, por lo que se podrá estudiar donde se quiera y como se quiera, y se podrá desarrollar la vida profesional donde se estime conveniente. Para ello sólo se necesita, dice, la ‘armonización’ de algunos estudios.
Todavía atónitos por la generosa amplitud de miras que revelan estos propósitos en una Unión Europea en que las únicas libertades que se procuran son las de los movimientos especulativos de los capitales, observemos los pasos que se están realmente dando.
Es conveniente no perder de vista algunas conclusiones que se ha presentado en numerosos artículos críticos con el proceso:
- Nada de lo bueno que se usa para justificar Bolonia requiere de todo este montaje. Hace mucho tiempo que los estudiantes pueden cursar estudios de sus carreras, cursos reglados incluidos, en universidades extranjeras con los programas Erasmus y Sócrates (otra cosa son las becas que se conceden), lo mismo que lo hacen estudiantes extranjeros regularmente en universidades españolas. Muchos titulados españoles trabajan en el extranjero sin mayores problemas. Es difícil creerse tal preocupación por una pequeña minoría cuando no se hace nada por abordar los graves problemas de la universidad española.
- Bolonia no garantiza de ninguna forma que las dificultades que pueda haber en estos terrenos se allanen, ya que no lleva aparejado acuerdo ni compromiso alguno en este sentido. Cada país define sus titulaciones dentro de un marco muy amplio (o se lo salta) y las convalidaciones se establecen por caminos distintos que no están 'armonizados' por Bolonia.
- La convergencia europea que preconiza Bolonia es ya es un fracaso por lo que se va sabiendo. Oxford y Cambridge han dicho que no convergen, porque son lo que son, of course; Francia ha dicho que las grandes écoles no convergen porque para eso las creó Napoleón; las facultades de derecho italianas, tampoco; en Grecia está planteada la inconstitucionalidad del proceso; Medicina, Arquitectura, Farmacia y Veterinaria están excluidas desde el principio del proceso, nadie sabe por qué, tal vez porque no se dejen.
No me voy a extender, porque se ha analizado con acierto en numerosos escritos, sobre la inserción del modelo de universidad en el proceso tardocapitalista de privatización de servicios, una vez agotada la privatización de la industria, pero debo recordarlo como una consideración indispensable para la comprensión de Bolonia.
Sí me interesa insistir en el objetivo final del proyecto: apoyada en todos los aspectos de la privatización (disminución de la financiación pública, obtención de mano de obra más barata, control de las empresas, etc.), aparece como fundamental la reconstrucción de las élites dirigentes como culminación del proceso de regresión de la transición española en el marco de la deriva autoritaria europea.
Una de las funciones esenciales de la universidad ha sido la formación de las élites dirigentes de los países. Ciertamente esta función estuvo muy diluida desde los años sesenta, como también estaba desnortada la propia derecha económica y social, que ahora retoma la iniciativa.
Pero algo así es lo que se está configurando para remontar el bache:
- Un primer ciclo de andar por casa para cubrir las necesidades de las empresas al menor nivel posible. Ya se ha hablado mucho del papel a que se van a reducir las humanidades, pero las enseñanzas técnicas son, de otra manera, un objetivo central de la reforma y no van a salir mejor paradas. Cualquier política de futuro, simplemente no va a ser posible.
- La selección económica en el segundo ciclo será un elemento básico de la reforma; becas (pocas) y créditos (éstos de verdad) completarán la selección necesaria. Todo justificado por "tender a precios de mercado". Se verá en muy pocos años.
- La vigilancia ideológica se hará sobre todo a través de los cursos de segundo ciclo (financiación, contratos, prácticas; algunos ya tienen nombre propio) y la participación de las empresas en la dirección de las universidades completará el control.
- Los primeros ciclos se darán por profesores contratados y las enseñanzas se degradarán al nivel de las universidades privadas. También se aprobará como en ellas. Los profesores de segundo ciclo cobrarán compensaciones extras. Se aumentará la ruptura interna del profesorado y su inoperancia política (incluyendo política científica).
- Los rectores se dedicarán a cuadrar el presupuesto (como ahora, pero dirigidos).
El significado político y social de esta reforma es muy importante: no es una actuación de partido, sino de clase, y el partido de la clase dominante es el PPOE, lo que explica la continuidad y consenso en las actuaciones.
Es una reforma en línea con el fundamentalismo y a contracorriente de las tendencias abiertas con la crisis que están poniendo en cuestión los mismos principios que soportan Bolonia. La resistencia en muchos países de la Unión es fuerte, deberíamos apoyarnos en ellas para conseguir que el gobierno español al menos no fuera el primero en el disparate. Frenar en lo posible la reforma, daría oportunidad de salvar del desastre algunos elementos importantes.
La universidad española no está bien, ni mucho menos; pero Bolonia es la destrucción del mismo concepto de universidad pública surgido de la Revolución Francesa: la educación pasa de ser un derecho ciudadano y una responsabilidad pública a convertirse en un asunto económico particular, y las garantías que ejerce el Estado sobre las profesiones se transfieren a entidades privadas gremiales. Un paso más del retorno a la Edad Media.













